Entrada de prueba
Inmensas llanuras se abren paso ante los sorprendidos ojos de aquellos que nunca han visto los Monegros; campos de cereal salpicados de los vestigios de lo que antaño fueron extensos sabinares, singulares lagunas salinas, antiguas edificaciones que no han olvidado el abandono del éxodo rural y unos montes de matorral leñoso oscuro que rodean y moldean estas grandes extensiones para abrazarlas y desembocar en una extensa sierra. Los Monegros son, sin duda, uno de los territorios de mayor singularidad de la península ibérica. Un desierto que, en cuanto biodiversidad, tiene más de oasis que de desierto. Los ojos del naturalista, pronto se darán cuenta que son todo un hervidero de biodiversidad y no un secarral sin vida, un estereotipo que los lleva persiguiendo desde hace tiempo, del que, precisamente, no se libra de él ni en las propias civilizaciones que alberga.